Mi blog tiene por objetivo dar a conocer una filosofia de la vida, que orienta a las preguntas trascendentales del hombre a traves de los tiempos
Cuando unimos el sabor al saber, se obtiene un saber mas completo, un saber sabio. Ya que la sabiduría consiste en saber lo que se sabe y lo que aun no se sabe. Quien ha gustado de la apetitosa fruta, una pera, un níspero, un buen vino, sabe a que sabe su sabor. Quien los conoce pero no los ha probado, ignora tales sabores.
Así también sucede con nuestras afecciones corporales y sensibilidades del alma. Quien no ha llorado, cosa difícil, no sabe cual es el sabor de sus lágrimas. Lo que motivo a Shakespeare, afirmar. Lloramos al nacer porque venimos a este mundo de dementes.
Llora el niño, y llora todo humano cuando pierde materialmente a un ser amado. Hemos visto también llorar de alegría, a una reina de belleza, quien suspiraba en su angustia por conquistar ese trono. Se siente feliz el joven al recibir su grado académico que lo convertirá luego en un profesional y en todo ello, el sabor va unido al saber.
Es la experiencia, que tanto cuesta y duele conseguirse, porque en ese proceso se siente y se aprende. Por esa razón el niño en su materia, no sabe lo que es sentirse anciano, su sabor y saber se lo dirán cuando llegue a ese estado. De igual forma, el hombre ignora el sentir dolores del parto de su compañera, es que la maternidad es propia de la mujer, no del hombre. Para saborearlo el hombre, tendría que ser mujer. Y en esta vida no puede. Tendría que nacer de nuevo, en otra vida, convertida en mujer, única manera de saborear lo que se siente al parir a un semejante. Si eso es cierto. entenderíamos lo justo de las leyes divinas de hacer a los humanos en el tiempo iguales con los mismos derechos y obligaciones.
Mas solo el espíritu humano, puede cumplir esa tarea por medio de la Reencarnación, nacer, morir y volver a nacer, infinitas veces, porque el espíritu no tiene sexo, este es de la materia. Solo así puede alcanzar la sabiduría sin límites, aunque no absoluta, uniendo el sabor y el saber hasta convertirse en verdadero sabio.