Mi hija ha desencarnado recientemente producto de un cancer de mama. Penosa enfermedad cuyos efectos y tratamentos para curar, lo que no se puede curar. son dificiles para el que la sufre y para los padres que la atienden hasta el final del ultimo suspiro. Tanto que a mi esposa, sufrio un acv, que felizmente le afecto la vision, como consecuencia de tales sabores de la existencia.
Un vacío en el hogar donde habitaban cuatro personas padres, dos hijos, uno varon y una hembra. Ella partió por terminar su mision y quedamos tres. Se fue muy joven, la madre siente mas el vacío. Es natural tenemos sentimiento y corazón y como toda partida duele, aunque el tiempo y la convicción nos da la fortaleza al saber que la tumba no es un callejón sin salida, sino que es una avenida que se ciera en el crepúsculo y se vuelve abrir a la aurora de un nuevo dia. Lo que es el consuelo cuando se tiene la conviccion que la muerte solo es un tránsito necesario en la vida para aprender y necesario morir, para volver aprender una nueva cosa que no se sabía y asi por el resto de todas las existencias. Ya que nacer morir y volver a nacer, tal es la vida del humano espíritu.
Mi hija lo sabía. yo le hablaba y leía de toda esa filosofia gobierno del universo. Decía a su madre que ella quería irse y no fuera egoista para retenerla cuando ella lo deseaba. Ella supo conquistar el cariño de sus semejantes quienes sintieron mucho su despedida y nos acompàñaron en tan difíciles momentos. Ello ha sido causa hasta ahora de mi silencio en estas paginas. Pero recordándolos siempre.